
En doce años, los familiares y amigos de la personas estudiantes desaparecidas, entre el 26 y 27 de septiembre de 2014, han vivido el dolor de las ausencias. En ese tiempo, desde las instituciones recibieron frivolidad y encubrimiento (Enrique Peña Nieto); uso político y construcción de una “nueva verdad” (Andrés Manuel López Obrador) y retorno al principio y al planteamiento de una “nueva verdad” (Claudia Sheinbaum).
Las preguntas siguen sin responderse: ¿Dónde están los estudiantes? ¿Quién fue responsable? ¿Quién o quiénes ordenaron los operativos? ¿Quiénes permitieron la violencia contra ellos? ¿Quiénes encubrieron o encubren a los responsables?
La interpretación errónea de un mensaje encontrado lleva a la familia del Capitán Grant a embarcarse en búsquedas erróneas. La obra de Julio Verne advierte cómo, interpretada mal, una pista puede llevar a falsas esperanzas y a la pérdida de tiempo. En la novela, Los hijos del capitán Grant, de 1865, felizmente las casualidades logran dar con el paradero del marinero. Ayotzinapa tiene muchos informes que parecen renovar esperanzas, y pocos resultados.
En un país donde las desapariciones caminan sin freno, con metodologías que presentan datos ambiguos, el dolor de las personas parece convertirse en un suceso cotidiano más, que se remite a manifestaciones, reuniones con las autoridades, declaraciones y nuevas puestas en escena.

Foto: ONU-DH.
¿Habrá respuestas claras alguna vez? Doce años después de los hechos, ¿la presidenta de la República tiene a un equipo capaz de dar conclusión a la investigación?
Hace poco menos de tres semanas, la titular de la Secretaría de Gobernación señaló que darían a conocer “un nuevo informe sobre el caso Ayotzinapa” y afirmó, ante la Cámara de Diputados, este inicio de septiembre: “… se han encontrado elementos y datos para nuevas líneas de investigación. En breve habrá un informe completo, pero no habrá impunidad y nadie está por encima de la ley”. Es decir, el mismo discurso que año tras año se escucha ¿Respuestas sobre el paradero de los estudiantes? Ninguna.
El encubrimiento y cuatachismo (además de la frivolidad) durante el sexenio de Enrique Peña Nieto dejaron que el tiempo volara y las pruebas se fueran perdiendo; la llegada de Andrés Manuel López Obrador, prometió esclarecimiento y certeza: no la hubo.
¿Puede un país continuar sumando personas “no encontradas” o desaparecidas?

La sociedad sigue su vida; los partidos políticos y sus dirigentes (repartiendo candidaturas y cargos); las instituciones aletargadas. La indiferencia ante el dolor de los demás.
Foto: Presidencia de la República.
Este fin de semana veremos en diversas ciudades, especialmente la de México, manifestaciones para recordar y exigir justicia por los hechos de hace 12 años; las redes sociales se llenarán de indignación; partidos opositores (quizá desde Europa o los Estados Unidos) ratificarán y propagarán la idea de que el actual es un gobierno que no da resultados; el gobierno en turno dará conferencias para informar sobre el informe de una nueva verdad que desplaza a la anterior y que da indicios para nuevas investigaciones; los medios de comunicación publicará en sus portadas (impresas y electrónicas) a los manifestantes y su indignación. Una semana después volveremos a olvidarlo.
¿La guerra sucia tiene responsables y justicia? ¿Qué podemos esperar sobre el caso Ayotzinapa?
La izquierda en México, primera fuerza política que afirmó, durante décadas, su compromiso y respeto a los derechos humanos, hoy duerme la siesta del poder o la fiesta del olvido.
Ninguna de las personas que aspiran a gobernar el estado de Guerrero, a partir del 2027, habla sobre el caso Ayotzinapa. Parece que cualquier declaración los descarrila de su objetivo. Algunas y algunos estuvieron ahí.
Lo escribí hace tiempo sobre Andrés Manuel López Obrador: el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) tiene una gran oportunidad para ratificar su respeto a los derechos humanos y la ruptura con el régimen anterior. Hoy, es la presidenta de la República, Claudia, Sheinbaum, quien tiene una gran oportunidad: demostrar que es sensible ante el dolor de los demás, ante el sufrimiento de las víctimas.
Es probable que la “verdad” pueda dolerle a las y los familiares y amigos de los estudiantes. Quizá por eso mismo, como escribió el poeta Jaime Gil de Biedma, parece que los diferentes gobiernos “… aislado [s] en un océano, / se limita [n] a esperar que la tormenta pase / y llegue el día, el día en que, por fin, / las cosas dejen de venir mal dadas”.
El dolor que se volverá a expresar este fin de semana no se resolverá con nuevos informes, con más informes, se resolverá con respuestas y con la voluntad y fuerza que la presidenta de la República ejerza.
Tantos informes e indicios para nuevas investigaciones nos llevan a enmarañar las respuestas, a perdernos en la búsqueda del Capitán Grant.
La indignación y el dolor de los demás no deben quedarse en las redes sociales, en la distribución de culpas y reclamos al gobierno en turno; en el olvido o la responsabilidad al pasado. El dolor de los demás debe expresarse en decisiones y acciones: el voto es el primero.
Otros artículos del autor:
Plan General de Desarrollo: la desconfianza









0 comentarios