Brecha de participación económica entre mujeres y hombres desciende 8 puntos

Por Martha Palma

Del 2008 al 2018, la brecha en la participación económica entre mujeres y hombres descendió 8 puntos porcentuales, sin embargo, la brecha entre los sexos persiste, ya que en 2018, el 52 por ciento de las mujeres fueron económicamente activas, mientras que para los hombres, la cifra fue de 83 por ciento.

En población sin pobreza, las mujeres recibieron 90 pesos por su trabajo por cada 100 pesos que percibieron los hombres. En contextos de pobreza, la brecha crece, ya que las mujeres obtuvieron 73 pesos por cada 100 pesos respecto de los hombres. Lo anterior con base en el documento Pobreza y Género en México: hacia un sistema de indicadores Información 2008-2018, elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

El estudio refiere que la menor participación de los ingresos de las mujeres respecto de los hombres, es reflejo de las menores percepciones laborales, la menor participación económica y en general, de la menor autonomía económica que presentan las mujeres respecto de los hombres.

En 2018, la participación económica de mujeres de 25 a 44 años sin hijos se ubicó en 79 por ciento, mientras que en las madres fue de 61 por ciento. Estas cifras sugieren que, las mujeres de este grupo de edad que tienen descendencia presentan dificultades para insertarse en el mercado laboral.

Las mujeres dependen más de los ingresos de fuentes indirectas, es decir, de recursos monetarios provenientes de otros hogares o de programas gubernamentales, situación que se agudiza en contextos de pobreza.

Las mujeres son quienes se emplean en mayor medida sin retribución económica, independientemente de su condición de pobreza. Por cada 100 hombres ocupados sin pago, hubo 131 mujeres en la misma condición en 2008, cifra que subió a 141 mujeres en 2018.

Pobreza y Género en México está integrado por 30 indicadores que analizan la desigualdad de género en términos de la conformación de los hogares, el acceso a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la alimentación, el trabajo remunerado, el ingreso, las características de la vivienda y el trabajo doméstico no remunerado, los cuales muestran la relación entre las inequidades de género y la situación de la pobreza de las personas.

Destacan los siguientes resultados:

  • El número de jefaturas femeninas de hogar creció de 2008 a 2018. Independientemente de su condición de pobreza, su incidencia aumentó de 25 por ciento a 30 por ciento.
  • De 2008 a 2018, el rezago educativo descendió de 40 por ciento a 29 por ciento en las mujeres, y de 30 por ciento a 23 por ciento en los hombres.
  • Las mujeres dependen más de sus redes de parentesco para acceder a los servicios de salud, al respecto, el 5 por ciento de las mujeres en situación de pobreza tienen acceso como titulares de la afiliación, mientras que el 30 por ciento de las mujeres afiliadas que no presentaron situación de pobreza, son titulares del servicio.
  • Dado que el rol de género asigna a las mujeres una mayor carga del trabajo doméstico, la incidencia de carencia de la vivienda en contextos de pobreza representa un factor que condiciona sus elecciones para participar en el mercado del trabajo remunerado.

Las mujeres destinan 2.5 veces más de tiempo a los quehaceres del hogar y el doble en el cuidado de otras personas, indistintamente de su condición de pobreza.

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