Hoy en día el paradigma ha cambiado, el alumbrado público, que durante años fue visto únicamente como un servicio municipal destinado a iluminar calles y avenidas durante la noche, se ha convertido en una herramienta que es capaz de incidir en la seguridad, la movilidad, el aprovechamiento de espacios públicos e incluso en la eficiencia financiera de los municipios.

Imagen Grupo Construlita.
Sergio Pérez Elorza, arquitecto y líder de la Academia de Diseño de Iluminación de Grupo Construlita, detalla para Alcaldes de México sobre el papel de la iluminación en las ciudades, y cómo va mucho más allá de encender una lámpara cuando cae la noche.
La percepción importa
Aunque diversos estudios internacionales han demostrado que una mayor iluminación no necesariamente reduce de forma directa los índices delictivos, sí contribuye a que las personas se sientan más seguras al transitar por calles, parques y espacios públicos.
Esa sensación de confianza puede traducirse en una mayor apropiación del espacio urbano por parte de la ciudadanía, un aspecto que diversos gobiernos han comenzado a considerar dentro de sus estrategias de seguridad.
Programas como Senderos Seguros, impulsados por Construlita e implementados inicialmente en Guadalajara, y posteriormente replicados en distintas ciudades del país, son ejemplo de cómo el alumbrado público puede formar parte de una política integral de recuperación urbana.
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“Lo que genera una buena iluminación es la sensación de que puedes salir y recorrer tu entorno con tranquilidad, sabiendo qué ocurre a tu alrededor y teniendo visibilidad de tu entorno”, señala Pérez.
Mayor luz no es mayor seguridad
Sin embargo, uno de los principales desafíos para los gobiernos municipales es evitar una práctica común: la sobre iluminación. De acuerdo con el líder de Construlita, existe una percepción generalizada de que incrementar la cantidad de luz automáticamente mejora la seguridad. En realidad, una iluminación excesiva puede generar efectos contraproducentes.
Cuando existen contrastes muy marcados entre zonas altamente iluminadas y áreas con menor intensidad lumínica, se producen puntos que visualmente parecen inseguros, aún cuando técnicamente cumplan con los niveles establecidos por la normatividad.
“Las personas pueden percibir ciertos espacios como oscuros simplemente porque vienen de una zona con demasiada iluminación. Es un fenómeno visual que termina afectando la percepción de seguridad”, explica Perez Elorza.
A ello se suman impactos ambientales asociados a la contaminación lumínica, que puede alterar ecosistemas, modificar hábitos de especies nocturnas e incluso afectar la salud humana. Por ello, especialistas coinciden en que la discusión ya no debe centrarse en colocar más luminarias, sino en iluminar mejor.
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Planeación antes que infraestructura
En seguimiento a ello, Grupo Construlita compartió que uno de los principales mensajes que destinan a los gobiernos locales, es que la modernización del alumbrado público debe comenzar con un diagnóstico técnico de las necesidades reales de cada municipio.
No todas las zonas requieren los mismos niveles de iluminación ni las mismas tecnologías. Colonias habitacionales, corredores peatonales, avenidas principales, centros históricos o áreas naturales demandan soluciones diferenciadas.
“Lo primero es analizar dónde realmente se necesita intervenir y dónde la infraestructura existente todavía puede cumplir una función adecuada. No se trata de sustituir todo, sino de optimizar recursos”, señala Pérez.
Mundial 2026: una oportunidad para repensar el espacio público
Por último, Grupo Construlita tildó a La próxima Copa Mundial de Futbol 2026 como otra gran oportunidad para acelerar proyectos de mejoramiento urbano en distintas ciudades del país.
La llegada de visitantes nacionales e internacionales colocará bajo los reflectores aspectos relacionados con la movilidad, la seguridad y la calidad de los espacios públicos. Para Construlita, una iluminación adecuada puede convertirse en una carta de presentación para las ciudades sede, fortaleciendo tanto la experiencia de los visitantes como el bienestar de los habitantes.
“La iluminación es una parte fundamental de la imagen urbana. Ayuda a generar confianza, mejora la percepción de seguridad y contribuye a que las personas disfruten los espacios públicos”, concluyó Pérez.
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